domingo 8 de noviembre de 2009

lamajadesnuda.com


SAFO





Quisiera en verdad morir,

Ella se marchó entre abundantes

Lagrimas diciéndome:

“¡Ay Safo, cuánto sufrimos!

¡Con cuánto pesar te abandono!”

Y yo le contesté:

¡Adiós, y sé feliz! ¡Sólo recuérdame,

pues sabes cuán atada estoy a ti!

Acuérdate al menos

(¡OH, no lo olvides¡)

de las amadas y hermosas cosas que vivimos.

De tantas guirnaldas de violetas

Y de rosas, y también de azafrán,

...con que a mi lado te ceñiste.

De tantos collares tejidos

Con dulces flores

Que rodeaban tu tierno cuello.

De las muchas veces que con abundante

Mirra de flores y de reyes

Ungiste tu cabeza de hermoso peinado.

Del blando lecho

En que tú, a mi lado,

Dejando que la ternura saliera...

Y no hubo colina profana

O sagrada, ni fuentes de aguas

A donde no hayamos ido.

Ni bosque...







Pär Lagerkvist Nació en la región sueca de Smaland en 1891. Murió en 1974.



LO MÁS HERMOSO ES EL ATARDECER

Lo más hermoso es el atardecer

Todo el amor que el cielo contiene

se ha juntado en luz sombría sobre el mundo

sobre las casas de la tierra.

Todo es ternura,

todo es acariciado como por manos

el señor mismo borra orillas lejanas

todo está lejos todo está cerca.

Todo es dado al hombre como préstamo.

Todo es mío y todo lo perderé

En breve todo lo perderé

Árboles, cielo, la tierra que piso

Caminaré solo sin huellas.




Elizabeth Bishop was born in 1911
in Worcester, Massachusetts. Died in Cambridge, Massachussetts, in 1979.




Un Arte.

No es difícil dominar el arte de perder;
tantas cosas parecen llenas del propósito de ser perdidas,
que su pérdida no es ningún desastre.

Perder alguna cosa cada día. Aceptar aturdirse por la pérdida
de las llaves de la puerta, de la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.

Después practicar perder más lejos y más rápido:
los lugares, y los nombres, y dónde pretendías
viajar. Nada de todo esto te traerá desastre alguno.

He perdido el reloj de mi madre. Y ¡ mira !, voy por la última
-quizá por la penúltima- de tres casas amadas.
No es difícil dominar el arte de perder.

He perdido dos ciudades, las dos preciosas. Y, más vastos,
poseí algunos reinos, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue ningún desastre.

Incluso habiéndote perdido a ti ( tu voz bromeando, un gesto
que amo) no habré mentido. Por supuesto,
no es difícil dominar el arte de perder, por más que a veces
pueda parecernos ( ¡escríbelo!) un desastre.


Un arte

El arte de perder no es muy difícil;
tantas cosas contienen el germen
de la pérdida, pero perderlas no es un desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder
las llaves de las puertas, la horas malgastadas.
El arte de perder no es muy difícil.

Después intenta perder lejana, rápidamente:
lugares, y nombres, y la escala siguiente
de tu viaje. Nada de eso será un desastre.

Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! desaparecieron
la última o la penúltima de mis tres queridas casas.
El arte de perder no es muy difícil.

Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso
reino que era mío, dos ríos y un continente.
Los extraño, pero no ha sido un desastre.

Ni aun perdiéndote a ti (la cariñosa voz, el gesto
que amo) me podré engañar. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil,
aunque pueda parecer (¡escríbelo!) un desastre
.




Gunnar Ekelöf.

Suecia, (1907-1968) Estudió Lenguas Orientales y Música. Fue Crítico y Traductor. Perteneció a la Academia Sueca.



El momento supremo del amor

La hora de la verdad

Está tan lejos como es posible estarlo

De todos los adornos del amor

Lejos del primer encuentro

Lejos del coito

Lejos también de las caricias tranquilizadoras

Junto al lecho del enfermo

Mano que acaricia otra mano torpemente

Acaricia una mejilla

El momento supremo, la hora de la verdad

El momento supremo

Es cuando el ojo estalla y se funde

Con el ojo que mira

Y el ojo que mira recibe su mirada

Traducción: Francisco J. Úriz


ARTE POÉTICA

Es el silencio lo que tu debes escuchar

el silencio escondido tras apóstrofes, alusiones

el silencio en retórica

o en llamada perfección formal

Esto es la búsqueda de un sin sentido

en lo que tiene sentido

y viceversa

Y todo lo que tan artísticamente intento escribir

es por contraste algo sin arte

y todo el relleno esta vacío

Lo que he escrito

Esta escrito entre líneas




Carlos Drummond de Andrade

Brasil (1902 -1987)







VIAJE POR LA FAMILIA

a Rodrigo M.F. de Andrade

En el desierto de Itabira,

la sombra de mi padre

me tomó de la mano.

Tanto tiempo perdido

Pero nada decía.

No era ni de día ni de noche

¿Suspiro? ¿Vuelo de pájaro?

Pero nada decía.

Largamente caminamos.

Aquí había una casa.

La montaña era mayor.

Tantos muertos amontonados,

el tiempo royendo a los muertos.

En las casas en ruina

desprecio, frío, humedad.

Pero nada decía.

La calle que cruzaba

a caballo, al galope.

Su reloj. Su ropa.

Sus papeles de circunstancia.

Sus historias de amor.

A un abrir de baúles

y de recuerdos violentos.

Pero nada decía.

En el desierto de Itabira

las cosas vuelven a existir,

irrespirables y súbitas.

El mercado de deseos

expone sus tristes tesoros;

Mis ansias de huir;

mujeres desnudas; remordimiento.

Pero nada decía.

Pisoteando libros y cartas,

viajamos por la familia.

Casamientos; hipotecas;

los primos tuberculosos;

la tía loca; mi abuela

traicionada con las esclavas

frotando sedas en la alcoba.

Pero nada decía.

¿Qué cruel, oscuro instinto

movía su mano pálida

sutilmente empujándonos

por el tiempo y por los lugares

Resguardados?

Lo miré fijamente a los ojos.

Le grité:

¡Habla! Mi voz

vibró en el aire por un momento

golpeó las piedras. La sombra

proseguía lentamente

aquel viaje patético

a través del reino perdido.

Pero nada decía.

Vi tristeza, incomprensión

y más de una vieja rebeldía

separándonos en la oscuridad.

La mano que no quise besar,

el plato que me negaron

negativa a pedir perdón.

Orgullo. Terror nocturno.

Pero nada decía.

Habla habla habla habla

Le halaba la chaqueta

que se deshacía en barro.

Por las manos, por los botines

yo me le prendía a la sombra severa

y la sombra se desprendía

sin fuga ni reacción.

Pero se quedaba callada.

Y eran distintos silencios

que se entrañaban en el suyo.

Era mi abuelo sordo

queriendo escuchar las aves

pintadas en el cielo de la iglesia;

mi falta de amigos;

su falta de besos;

eran nuestras vidas difíciles

y una gran separación

en la pequeña área del cuarto.

La pequeña área de la vida

me oprime contra su cuerpo,

y en ese diáfano abrazo

es como si yo me quemara

todo, de amor punzante.

¿Sólo hoy nos conocemos?

Lentes, memorias, retratos

fluyen en el río de la sangre.

Las aguas ya no permiten

distinguir su rostro lejano,

más allá de setenta años.

Sentí que me perdonaba

Pero nada decía.

Las aguas cubren el bigote

la familia, Itabira, todo.

Traducción: Nidia Hernández






sábado 24 de octubre de 2009

Carlos Drummond de Andrade


CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

BRASIL (1902-1987)






MUNDO GRANDE

No, mi corazón no es mayor que el mundo.

Es mucho menor.

En él no caben ni mis dolores.

Por eso me gusta tanto narrarme.

Por eso me desnudo,

por eso me grito,

por eso frecuento los periódicos, me expongo crudamente en las librerías:

necesito de todos.

Si, mi corazón es muy pequeño.

Sólo ahora veo que en él no caben los hombres.

Los hombres están aquí afuera, están en la calle.

La calle es enorme. Mayor, mucho mayor de lo que yo esperaba.

Pero tampoco en la calle caben todos los hombres.

La calle es menor que el mundo.

El mundo es grande.

Tú sabes cómo es de grande el mundo.

Conoces los navíos que llevan petróleo y libros, carne y algodón.

Viste los diferentes colores de los hombres.

los diferentes dolores de los hombres,

sabes qué difícil es sufrir todo eso, amontonar todo eso

en un sólo pecho de hombre, sin que él estalle.

Cierra los ojos y olvida.

Escucha el agua en el cristal,

tan calma. No anuncia nada.

Entre tanto se escurre en las manos

¡tan calma! Va inundando todo.

¿Renacerán las ciudades sumergidas?

¿Los hombres sumergidos, volverán?

Mi corazón no sabe.

Estúpido, ridículo y frágil es mi corazón.

Sólo ahora descubro

cuán triste es ignorar ciertas cosas.

(En la soledad

desaprendí el lenguaje

con el que se comunican los hombres).

Otrora escuché a los ángeles,

las sonatas, los poemas, las confesiones patéticas.

Nunca escuché la voz de la gente.

En verdad soy muy pobre.

Otrora viajé

por países imaginarios, fáciles de habitar,

islas sin problemas, no obstante exhaustivas y convocando al suicidio.

Mis amigos fueron a las islas.

Las islas pierden a los hombres.

Sin embargo algunos se salvaron y

trajeron la noticia

de que el mundo, el gran mundo está creciendo todos los días,

entre el fuego y el amor.

Entonces, mi corazón también puede crecer.

Entre el amor y el fuego,

entre la vida y el fuego,

mi corazón crece diez metros y explota.

¡Oh vida futura! Nosotros te criaremos.



ELEGIA 1938

Trabajas sin alegría para un mundo caduco,

donde las formas y las acciones no encierran ningún ejemplo.

Practicas laboriosamente los gestos universales,

sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.

Héroes llenan los parques de la ciudad en la que te arrastras,

y preconizan la virtud, la renuncia, la sangre fría, la concepción.

Al anochecer si hay neblina abren los paraguas de bronce

o se ocultan en los volúmenes de siniestras bibliotecas.

Amas la noche por el poder de aniquilamiento que encierra

y sabes que, durmiendo, los problemas te dispensan de morir.

Pero el terrible despertar prueba la existencia de La Gran Máquina

que te restituye, pequeñito, frente a indescifrables palmeras.

Caminas entre muertos y conversas con ellos

sobre cosas del tiempo futuro y negocios del espíritu.

La literatura estragó tus mejores horas de amor.

Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo de sembrar.

Corazón orgulloso, tienes prisa de confesar tu derrota

y aplazar para otro siglo la felicidad colectiva.

Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y la injusta distribución

porque no puedes, solo, dinamitar la isla de Manhattan.



LA NOCHE DISUELVE A LOS HOMBRES

A Portinari

La noche bajó. ¡Qué noche!

Ahora no distingo a mis hermanos

Ni tampoco los rumores

que antes me perturbaban .

La noche bajó. En las casas,

en las calles donde se combate,

en los campos desfallecidos,

la noche dispersó el miedo

y la total incomprensión.

La noche cayó. Tremenda,

sin esperanza. Los suspiros

acusan la presencia negra

que paraliza a los guerreros.

Y el amor no abre camino

en la noche. La noche es mortal,

completa, sin reticencias,

la noche disuelve a los hombres,

dice que es inútil sufrir,

la noche disuelve la patria,

apagó a los almirantes

¡centellantes! en sus uniformes,

La noche anocheció todo.

El mundo no tiene remedio.

Los suicidas tenían razón.

Aurora,

entretanto yo te veo, aún tímida,

inexperta con las luces que vas a encender

y con los bienes que repartirás a todos los hombres.

Bajo el húmedo velo de rabias, quejas y humillaciones,

te adivino subiendo, vapor rosado, expulsando la tiniebla nocturna.

El triste mundo fascista se descompone al contacto con tus dedos,

tus dedos fríos, que aún no se modelaron

pero que avanzan en la oscuridad como una señal verde y perentoria.

Mi fatiga encontrará en tí su término,

mi carne se estremece en la certeza de tu venida.

El sudor es un aceite suave, las manos de los sobrevivientes se enlazan,

los cuerpos yertos adquieren una fluidez,

una inocencia, un perdón simple y blando.

Amaneceremos. El mundo

se tiñe con los tonos del amanecer

y la sangre que escurre es dulce y tan necesaria

para colorear tu pálida cara, aurora.


CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE


TRADUCCIÓN: NIDIA HERNANDEZ

miércoles 14 de octubre de 2009

Luisa Castro, Foz, Lugo 1966


LUISA CASTRO

Poeta y Novelista. Debutó como Poeta a los 18 años con su libro: Odisea definitiva. Fue distinguida con el Premio Hiperión de Poesía en 1986. Premio Rey juan Carlos, en 1988, con su libro de poemas: Los hábitos del artillero.
En 2005 publica: Amor mi señor.

El poema que transcribimos es de ese libro:


No me alcanzó el enemigo,
no me batió el contrario,
no me derribó el hostiñ;
tus ojos me atravesaron.

No fue el frío del invierno
ni el cansancio de la lucha
ni los dias sin dormir;
tus ojos no me miraron.

gané batallas a mares,
nunca un trofeo exhibí,
y porque te busqué los ojos
me lanzaste tus puñales.




Bucea

No llenes el foso de cocodrilos,
no lo hagas, bésame,
yo luego no podré tirarme de cabeza
y todo terminará como siempre
sin haber empezado.
Llévate mi vida, deja en paz mi pelo,
lleva todo lo que tengo, nunca encontrarás
el nudo oculto de mi cabeza, no me des
la lata más, no me dejes un regalo
ni quieras beberte mi copa, llévate
mi vida
y no me mires más.

Sólo bucea,
clava el arpón en tu presa,
afina y discierne
porque ya no eres joven.



La caída

Las montañas cristalizan en mil años
y el mar gana un centímetro a la tierra
cada dos milenios,
horada el viento la roca en cuatro siglos
y la lluvia, también la lluvia
se toma su tiempo para caer.

Se paciente, con mi corazón
que suspira por una obra duradera.
Como el viento,
como la lluvia,
también mi corazón
se toma su tiempo para caer.



El sueño de la muerte

I

Despiértame de este sueño de la muerte,
príncipe de mis días,
acércate,
encuéntrame tendida en este sueño de la muerte.

Tan bella como pueda serlo
aquella que ha cruzado huyendo un bosque
y se ha rendido,

así soy yo de bella.

Muerta y llorada por pequeños amigos.

II

Despiértame de este sueño de la muerte.
Atiende toda señal del camino
y presta oídos al rumor de los árboles.
Ellos te guiarán.
Ábrete paso, príncipe de mis días,
encuéntrame aquí bella y dormida
y bésame.

Tanto
como puedas besar a aquella
que ha cruzado huyendo un bosque
perseguida y sin culpa
hasta perderse.

Así de bella soy.

miércoles 6 de mayo de 2009

SIRKKA TURKKA


SIRKKA TURKKA

(1939) Finlandia. Licenciada en Humanidades, trabajó como agricultora y bibliotecaria. Una de las poetas más relevantes de su generación. En 1987 recibió el Premio Finlandia.





Selma, pequeño perro, oye 
aún las florecitas se doblan cuando andamos,
las grullas, los cisnes con sus niños grises,
eramos un poco zorros.

El peregil silvestre en fila, así que primero
estaba la mamá, después la mamá, después
el papá airado.

El otoño llegó Selma, llegó la nieve
alta hasta las orejas y la cabeza, llegaron
capas que esconden, engañadores de alces.

Andas conmigo todavía a lo largo del invierno helado,
anda tu sonrisa graciosa, tu tumba.

A lo largo de ríos congelados sólo nosotros los graciosos
hacia la iglesia de los perros, ángeles del zorro.

Traducción: Aida Precilla y Jukka Koskelainen





Cuando los pensamientos son lencería.

Cuando los pensamientos son lencería,
apilados en los estantes, ordenados, alineados
como las copas de champán y ponche,
la grabada plata deslustrada y el viejo oro liso.
Y llega el invierno, comandante en jefe Ulysses Simpson Grant,
el rey Lear, su barba blanca.
El lago se vislumbra entre los árboles, en el lago
una perca rayada, tigre ártico.
Entre el bosque se vislumbra la tierra, cuya cuna
es de alto pino tambaleante.
Del cual no podemos soltar los ojos,
del cual nos levantamos,
al cual nos abismamos, cuando los pensamientos
están apilados, ordenados,
apinados, cuando son de puro
pino, de su raíz.
Cuando duerme el pez.
Entra en otro mundo y cierra los ojos.
Aquí no florece el liquen, así es su color de advertencia.
Y cuando matan a la hembra de un tiro, quedan las crías.
Aquí la sangre está parada, encantada,
con un truco de magia meten el corazón bajo la piedra
y lo sacan.
Aquí empujan el corazón hasta al pecho de la perca.
Oh qué alegría, cuando a la pena sigue la pena.
Cuando el invierno siempre está llegando y yendo
como la marcha de Rákóczy,
como el Lear, su barba blanca,
una tragedia verdadera, el otoño es su materia.
Uno lo sabe con los ojos cerrados: el invierno llega tras el invierno,
como la pena llega tras la pena, el verano allí en el medio
como un tumor maligno, que rompe la arquitectura del bosque:
tantas hojas y no se ven los árboles.
Y no llega el verano, la enfermedad, sin el invierno, el rey agujereado,
el comandante en jefe de la aurora boreal, no sin la barba congelada.
Donde nosotros, la tribu de gallinetas de agua, estamos condenados a vagar,
donde nosotros, las estrellas, estamos condenadas a centellear.
Donde la perca se hunde hasta el fondo,
cierra los ojos y se queda mirando

Traducción: Aida Presilla Straus




Las estrellas vuelven a ser como una quejumbrosa balada y por las tardes
los perros afinan sus agrietados violines.
Yo no dejo que se me acerque la pena,
no la dejo acercarse a mí.
Mil metros de nieve encima del corazón.
Murmuro mucho para mis adentros, por la calle
canto en voz alta.
A veces me veo pasar, con sombrero en la cabeza,
por el viento, y con alguna idea torcida.
Hablo de muerte cuando quiero decir vida. Ando con los papeles
desordenados, no tengo ni una sola teoría, solo un perro que blasfema.
Cuando pido aguardiente, me sirven helado,
a pesar de todo claro que soy español, con el nacimiento del pelo bajo
de esta manera, de verdad:
no parezco ser de aquí.
Sudo y trato de hablar, entretanto
tiemblo.
Casi más que la muerte lamento mi nacimiento.
Y todo lo que pido
son mil metros de nieve encima de mi corazón.

-------- Sirkka Turkka




viernes 24 de abril de 2009

VLADIMIR HOLAN (Praga, 1905-1980)


La gruta de las palabras

No entra impunemente el joven
con su luz en la gruta de las palabras.
Audaz, presiente apenas donde se encuentra.
Joven, aunque ha sufrido, no sabe lo que es el dolor.
Sabio antes de tiempo, se escapa sin haber entrado
Y alega, como excusa, la inmadurez de su edad.

¡La gruta de las palabras!
Sólo el verdadero poeta, y por su cuenta y riesgo,
Pierde, delirando en ella, las alas
y con ellas, la manera de someterlas, de nuevo, a la gravedad
y no menoscabar esa fuerza que atrae hacia la tierra.

¡La gruta de las palabras!
Sólo el verdadero poeta regresa con su silencio
Para encontrar, ya viejo, a un niño que llora
Abandonado por el mundo en su umbral.





Resurrección


¿Que después de esta vida tengamos que despertarnos

un día aquí al estruendo terrible de trompetas y clarines?

Perdona, Dios, pero me consuelo pensando

que el principio de nuestra resurrección,

la de todos los difuntos,

la anunciará el simple canto de un gallo...

Entonces nos quedaremos aún tendidos un momento...

La primera en levantarse será mamá...

La oiremos encender silenciosamente el fuego,

poner silenciosamente el agua sobre el fogón

y coger con sigilo del armario el molinillo de café.

Estaremos de nuevo en casa.



Encuentro en el ascensor
Entramos en la cabina y estábamos allí solos los dos.
Nos miramos sin hacer otra cosa.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella bajó, y yo, que continuaba,
comprendí que nunca más la vería,
que era un encuentro de una vez para siempre
y que, aunque la hubiera seguido, lo habría hecho como un
muerto,
y que, si ella se hubiera vuelto hacia mí,

sólo hubiera podido hacerlo desde el otro mundo



Cuándo llueve en domingo

Cuando llueve en domingo y tú estás solo,
completamente sólo,
abierto a todo, pero no llega ni un ladrón
y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo, mientras tú estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, sólo, no eres más que tú,
¡No esperes ni hablar contigo mismo!
Entonces el ángel es el único que sabe
lo que hay encima de él,
Entonces el diablo es el único que sabe
lo que hay debajo de él.
El libro sostenido, el poema al caer...


Mi Lampara

De noche, al apagarla, en mi silencio
puedo oírla rezar.
Cansada ya de arder, de tanto estar en vela
frente a la oscuridad del mundo,
ruega, no sé en qué lengua solitaria,
por ti, por mí, por todos los que doblan,
atormentados, el último periódico
y en sueños apartan la sombra de sus letras,
como quien ya no indaga, aunque le importe,
cuánta vida nos guarda la tierra todavía
cuando mañana se despierte.

Durante la siega

Cuando te he visto hoy arrodillada entre los trigos bajo el sol

atar las gavillas,

cuando te he visto dorada sobre el oro,

amando sin duda a ese muchacho

que a cada instante se volvía hacia ti,

he tenido que pensar en aquella que amo

y que no me ama,

aquella que, noche tras noche, reposa,

blanca en la blancura, y que no necesita

ni de sí misma...

Ella, una de los mil espectadores

de las ejecuciones...


Hay

Hay destinos

donde lo que carece de temblor no es sólido.

Hay amores

en los que el mundo no te basta, falta un pasito.

Hay placeres

en los que te castigas por el arte, pues el arte es pecado.

Hay momentos de mutismo

en que la boca de la mujer hace pensar que el pudor es sólo

cuestión de sexo.

Hay cabellos teñidos por un meteoro

donde es el diablo quien hace la raya.

Hay soledades

en las que miras sólo con un ojo y miras sólo sal.

Hay momentos de frío

en los que estrangulas palomas y te calientas con sus alas.

Hay momentos de gravedad

en los que sientes que has caído ya entre los que caen.

Hay silencios

que debes expresarlos tú, ¡precisamente tú!

Versión de Clara Janés




.

viernes 10 de abril de 2009

Tadeusz Różewicz

MI POESÍA

No explica nada
no aclara nada
no hace sacrificios
no abarca todo
no recupera esperanzas
no crea nuevas reglas del juego
no participa en él
tiene un lugar definido
que debe colmar
si no es un lenguaje criptico
si habla sin originalidad
si no guarda sorpresas
evidentemente es asi
como las cosas deben ser
obediente a su propia necesidad
su alcance y limitaciones
pierde hasta contra si misma
no usurpa el espacio de otra poética
ni puede ser remplazada por ninguna otra
abierta a tododes
provista de misterio
tiene muchas tareas
a las cuales nunca hará justicia
Tadeusz Różewicz

Traduccion: Rafael Cadenas



Quién es poeta
poeta es aquel que escribe versos y aquel que no los escribe
poeta es aquel que rompe las cadenas y aquel que se las pone
poeta es aquel que cree y aquel que creer no puede
poeta es aquel que ha mentido y aquel a quien han mentido
poeta es aquel que tiene boca y aquel que se traga la verdad
aquel que ha caído y aquel que se levanta
poeta es aquel que se va y aquel que irse no puede

[traducción de Gerardo Beltrán]

miércoles 31 de diciembre de 2008

SIETE POETAS PORTUGUESES

SIETE POETAS PORTUGUESES


SOPHIA DE MELLO BREYNER
EUGENIO DE ANDRADE
ANTONIO RÁMOS ROSA
CASIMIRO DE BRITO
NUNO JÚDICE
ROSA ALICE BRANCO
ANA LUISA AMARAL













Selección y Traducción: NIDIA HERNÁNDEZ
Edición: LUNA NUEVA (UNIMET)
LA MAJA DESNUDA EDICIONES
DICIEMBRE 2008.







SOPHIA DE MELLO BREYNER ANDRESEN. (Oporto 1919-Lisboa 2004). Poesía, 1944. Día de Mar, 1947. Coral, 1950. En El Tiempo Dividido, 1954. Mar Nuevo, 1958. El Cristo Gitano, 1961. Libro Sexto, 1964. Geografía, 1967. Dual, 1972. El Nombre de Las Cosas, 1977. Navegaciones, 1983. Islas, 1989. Musa, 1994. Obra Poética I, 1990. Obra Poética II y III, 1991. O Buzio de Coz, 1997 y Mar, 2000. Mereció los premios de Poesía: Premio Camões 1999. Premio de Poesía Max Jacob 2001. Premio Reina Sofía de Poesía Ibero-Americana, 2003.






LA PAZ SIN VENCEDORES NI VENCIDOS
Danos Señor la paz que te pedimos
La paz sin vencedores ni vencidos
Que el tiempo que nos diste
Sea un nuevo recomienzo de esperanza y de justicia
Danos Señor la paz que te pedimos

La paz sin vencedores ni vencidos

Eleva a la transparencia nuestro ser
Para poder leer mejor la vida
Para comprender tu mandamiento
Para que venga a nosotros tu reino
Danos Señor la paz que te pedimos

La paz sin vencedores ni vencidos

Haz Señor que la paz sea de todos
Danos la paz que nace de la verdad
Danos la paz que nace de la justicia
Danos la paz llamada libertad
Danos Señor la paz que te pedimos
La paz sin vencedores ni vencidos








EUGENIO DE ANDRADE, Póvoa de Atalaia, 1923, Oporto 2005. Las Manos y los Frutos, 1948. Los Amantes sin Dinero, 1950. Las Palabras Prohibidas, 1951. Hasta mañana, 1956. Corazón del día, 1958. Mar de Septiembre, 1961; Obstinado Rigor, 1964. Oscuro Dominio, 1971. Materia Solar, 1980. Branco no Branco, 1984. Vertientes del Mirar, 1987. El Otro Nombre de la Tierra, 1988. Rente ao dizer, 1992; Poesía, Tierra de mi Madre, 1992; Oficio de paciencia, 1994. La Sal de la lengua, 1995. Pequeño Formato, 1997. Poesía, 2000.







Busca la maravilla
Donde un beso sabe
a barcos y bruma.

En el brillo redondo
y joven de las rodillas.

En la noche inclinada
de melancolía.

Busca.
Busca la maravilla.














Antonio Ramos Rosa , Faro,1924. Vive en Lisboa. En poesía ha publicado los siguientes libros: El grito claro, 1958. Viaje a través de una nebulosa, 1960. Voz inicial, 1960. Sobre el rostro de la tierra, 1961. Estoy vivo y escribo sol, 1966. La piedra desnuda, 1973. Ciclo del caballo, 1975. Figuraciones, 1978. Incendio de los aspectos, 1980. Volante Verde, 1986, Acordes, 1989. Clamores 1992. Lampara con algunos insectos, 1993. tu rostro, 1994. El navío de la materia, 1994. La mesa del viento, 1997. Antología poética 2001.




Porque no supe merecer la gloria,
la más dulce
la de quedarme a tu lado
y que la sangre
la palabra
aboliera la diferencia
entre mi cuerpo y mi voz
porque te perdí
no se quien soy







Casimiro de Brito. Algarve 1938. Autor de: Labyrinthus.1980. Dos Aguas un río, 1989. (Con Ramos Rosa). Súbitamente el Silencio, 1991. Opus Afectuoso, 1997. Animal Volátil, 2001. En el 2002 recibió el premio Internacional de Poesía Leopold Sedar Senghor, por su obra poética.





AMOR SOLAR
Cansado de los hombres aparto las nubes
En busca de un árbol donde pueda
Beber en paz y en paz
Construir mi nido. Ahí
En el tronco más silencioso de la gran casa
No soy ciudadano de ningún país
Padre de ninguna familia
Soy apenas el perro más humilde
Del mundo que hay más allá del mundo
Donde se miden milimétricamente
El bien y el mal. En ese patio
Ya no estoy, me aparté
Cuando perdí el sentido del peso
Y de las medidas cuando alguien me dijo
Y yo lo vi.
Que en una gota de vino hay diez mil años
De amor solar.







Nuno Júdice,1949. La noción del poema, 1972. Las innumerables aguas, 1974. El mecanismo romántico de la fragmentación, 1975. Lira de Liquen, 1986. Las Reglas de la Perspectiva ,1990.Un canto en la esperanza del tiempo, 1992. Meditación entre ruinas, 1994.El movimiento del mundo 1996. La fuente de la vida 1997. Raptos 1998. Teoría General del Sentimiento, 1999. Juegos de Reflejos, 2000.






Cosas
Aristóteles nunca tomó café.
Platón nunca comió feijoada a la brasilera.
Alejandro nunca ordenó cuscús en Alejandría.
Cleopatra nunca vistió Dior.
Cesar nunca usó un Rolex de oro.
Brutus nunca disparó un revolver.
San Agustín nunca tomó lexotanil.
Carlo Magno nunca leyó a Freud.
Marco Polo nunca tomo un avión.
Lorenzo de Médicis nunca condujo un Ferrari.
Erasmo nunca simpatizó con Choucroute.
Lutero nunca hizo yoga.
Yo tampoco.






Rosa Alice Branco, 1950. Poeta y ensayista Licenciada en Filosofía. Es investigadora en Comunicación y Arte. Obra poética: Animales de la tierra, 1988. Monadología Breve, 1991. La mano feliz, 1994. El último trazo del pincel, 1997. Del alma y de los espíritus de los animales, 2001. Animal volátil, 2002.





ARTE POÉTICA
Me gustaría comenzar con una pregunta
o con el simple hecho
de que las rosas que desde aquí se ven
entren en el poema.

¿Que es entonces el poema?
¿un tejido de orificios por donde entra el cuerpo
sentado en la mesa y el modo
como las rosas me acechan desde la ventana?

Afuera un jardinero trabaja
un niño corre, una gota de rocío
acaba de evaporarse y la humedad del aire
no entra en el poema.

Mañana estará mustia aquella rosa:
podrá escoger su epitafio, la mano que la sepulte
y después entrar en un cantero del poema,
mientras un capullo se abre en verso libre
afuera donde late el rumor del día.

¿Que son las rosas dentro y fuera
del poema? ¿Donde estoy yo en el verso
en el que el niño se tiró al suelo cansado de correr?
¡Y es la hora del almuerzo del jardinero!
Como si fuera indiferente que la gota de rocío
hubiera entrado o no en el poema.








Ana Luisa Amaral. Lisboa, 1956. Es profesora de Letras. Especializada en Literatura Norteamericana. Traductora de Emily Dickinson. Traducida a varios idiomas. Ganadora del Premio Correntes d´Escritas. Premio Literario Casino da Póvoa Es una de las poetas actuales más reconocidas de Portugal. Ha publicado: Mi señora de que, 1990. Cosas de partir, 1993. Epopeyas, 1994. Y muchos los caminos, 1995. A veces el paraíso, 1998. Imágenes, 2000.






LA GÉNESIS DEL AMOR
Tal vez un intervalo cósmico
poblando sin querer la vida:
talvez un quásar que la inundó de luz,
la transformó en materia tan densa
que la escindió
la retuvo suspendida
en el espacio

Eran formas cadentes
como estas:

Imágenes como bóvedas del cielo,
asombrosas igual al asombro en el que nacerían
las primeras preguntas sobre los dioses.
el cero, el universo,
la solidez de la tierra redonda y luminosa,
esperando Admastores que la domestiquen,
o fuegos fatuos incendiando miradas,
o marineros ciegos, ávidos de luz,
de la línea que, acompasada
divide cielo y mar

Quásar es poco, porque la palabra roza
lo que la piel descubrió. Y tampoco la piel
alcanza:
pequeño meteoro en implosión

Estatua luminosa, tal vez,
esperando la paz (aunque haya ausencia
de creencia o de fe) y, profano el diseño
de esos extraños animales,
semi monjes, malditos
deslumbrados,
y una visión tal vez
en la penumbra serena de algún
claustro

Tal vez así tendría algún
sentido
la génesis del amor